miércoles, 27 de abril de 2016


Leyendas de sevilla 


Sevilla cuenta con una gran variedad de leyendas. A continuación veremos un par de leyendas que relatan historias de esta ciudad.

El Gran Poder

El protagonista de esta historia es Juan Araújo, quien en 1965 tuvo que enfrentarse al dolor de ver morir a su hijo tras una larga enfermedad. Durante su padecimiento, Araújo, devoto del Cristo del Gran Poder, le pidió en repetidas ocasiones que sanara a su hijo. Tras el trágico desenlace, el padre, roto de dolor, renegó de su fe y le dijo al Gran Poder que jamás volvería a su iglesia y que la próxima vez que se vieran sería porque el Señor de Sevilla hubiera ido a su casa.
Caprichos del destino, aquel mismo año se celebraron en la capital hispalense las llamadas Misiones Populares, en las que varias imágenes de la Semana Santa salían de su confinamiento en el casco histórico para hacer un recorrido extraordinario por los diferentes distritos de la ciudad. Al Gran Poder le correspondió la zona de Nervión, donde Araújo había montado un taller.

El día de la procesión, la lluvia sorprendió a la cofradía, que buscó refugio en un templo cercano, pero estaba cerrado. Al ver la nave del local de Juan , decidieron llamar para buscar cobijo. "¿quién es?", preguntó y la respuesta que obtuvo fue "El Gran Poder". Cuando abrió, efectivamente encontró al Cristo  en la puerta, tras lo que cayó arrodillado al suelo, tan sorprendido como arrepentido por su desafio.

La cabeza del Rey Don Pedro

El Rey Don Pedro I protagoniza una de las historias más antiguas de la ciudad, que tiene como protagonista a su propia cabeza. Iba el monarca por el casco antiguo de Sevilla cuando se topó con un enemigo, hijo del Conde de Niebla, que apoyaba al hermano bastardo del rey. Ambos se enzarzaron en una pelea a espadas y de Guzmanes acabó muerto. Una anciana que vivía en la calle de enfrente lo vio todo por la ventana y al retirarse de la misma se le cayó el candil y por el ruido fue descubierta. 

Cuando los Guzmanes pidieron justicia, la anciana, que había reconocido a Don Pedro, se negó a declarar. El monarca, que quería comprobar hasta qué punto era verdad la afirmación del entonces alcalde de quien ningún crimen en Sevilla quedaba sin castigo, pidió llamar a la mujer a su presencia. Le preguntó por el autor del crimen y la mujer hizo traer un espejo, que puso frente al rostro de Don Pedro "Aquí tenéis al asesino", dijo.

Don Pedro había prometido entregar la cabeza del criminal y lo cumplió, pero sin morir en el intento y sin confesar su crimen. Hizo encerrar un busto suyo en una caja de madera y posarlo en una hornacina en la calle de los hechos, con la condición de que no se abriera hasta su muerte; y así se hizo. Hoy día puede verse el busto en la calle "Cabeza del Rey Don Pedro" y la vía que hay frente a ella lleva el nombre de "Candilejo", por el candil-diminutivo, candilejo- con que se alumbraba la testigo que reconoció al rey. En busto y nicho actual son obra de Marcos Cabrera, sustituyendo a los más antiguos, de barro que había en el mismo lugar. Representa al rey, coronado y con manto real sobre los hombros. E la mano derecha lleva un cetro que apoya sobre el hombre y la mano izquierda descansa sobre la espalda.

martes, 29 de marzo de 2016

¡Bienvenidos a un nuevo blog de la cultura y el arte en Sevilla!


       

En este blog podrás encontrar los lugares, acontecimientos, y curiosidades más populares sobre la cultura y el arte de la ciudad de Sevilla.